La vergüenza es una epidemia silenciosa, dice Brené
Brown.
“Cultivar la resiliencia del alma y la empatía
emocional es el camino para poder atravesarla y disolverla”.
“Tu eres eso”, Tat twam, asi dice uno de los sutras (verdades)
del libro Sutras de Patanyali.
Cada vez que nos enojamos y avergonzamos de
algo nuestro o del otro denota un reflejo espejado de algo nuestro que
involuntariamente, inconcientemente queremos tapar o esconder.
Como
estamos ciegos a esa actitud y rigidez y no nos gusta lo que vemos en nosotros
o en otro; no aceptamos las limitaciones o carencias que se nos traslucen, es
que queremos taparlo, acallarlo y esconderlo.
Por supuesto
que no nos damos cuenta de estos vericuetos y procesos por los que andamos
atravesando, simplemente sentimos eso que llamamos enojo o tal vez sea vergüenza.
Sentir
ambos enojo, vergüenza daña nuestra autoestima cada vez que la ejercemos, cada
vez que nos pasa; por que es en ese momento que renegamos de quienes somos o
estamos siendo.
Denota una falta de auto aceptación o de
aceptación del otro ser humano cuyas actitudes nos avergüenzan o nos indignan. Simplemente
somos humanos y sin querer, fallamos.
¿A que fallamos?
Fallamos a una ilusión; la ilusión de ser
perfectos nosotros y los otros. Al mandato del “deber ser perfectos” en todo,
con los que fuimos “educados” y educamos a nuestros hijos.
La
pretensión de la perfección es la matriz de la vergüenza que sentimos por el
ser humano que somos o que otro está siendo.
Por
debajo de esta apariencia hay un deseo y una intención de perfección no
compatible con la vida terrena y humana.
Si bien me atrevo a pensarnos como de origen
divino, nuestra divinidad es justamente el proceso de alumbramiento del alma
cuando despierta y se puede separar y liberar de la vergüenza y del enojo de no
ser, del vacío que sentimos, de no poder, de no saber.
Sí, podemos hacer algo con eso.
Sólo cuando nos damos cuenta que nos pasa, es
decir cuando despertamos a nuestra conciencia de ser y nos hacemos cargo responsablemente como adultos, de nuestra
dimensión humana y decidimos abrazar lo que no nos gusta de nosotros, es el
momento de aprender a atravesar la incomodidad y adquirir resiliencia
espiritual.
Ser responsable es querer y podernos responder,
darnos respuesta: y de esta manera, nos la damos.
En ese momento es que comienza el proceso de reparación, de sanación; la
resiliencia espiritual, que nos calma y nos mejora.
Amarnos es purificarnos, comprendernos,
liberarnos; porque en todo caso, eso que no nos gusta de nosotros, cuando lo
abrazamos es cuando lo reparamos y transformamos en compasión, en poder personal,
en sabiduría y… renacemos a una vida con dicha, en paz y prosperidad.

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