lunes, 21 de enero de 2013

La histórico y la plasticidad, una pulseada del alma humana


La vergüenza es una epidemia silenciosa, dice Brené Brown.
“Cultivar la resiliencia del alma y la empatía emocional es el camino para poder atravesarla y disolverla”.
“Tu eres eso”,  Tat twam, asi dice uno de los sutras (verdades) del libro Sutras de Patanyali.
Cada vez que nos enojamos y avergonzamos de algo nuestro o del otro denota un reflejo espejado de algo nuestro que involuntariamente, inconcientemente queremos tapar o esconder.
 Como estamos ciegos a esa actitud y rigidez y no nos gusta lo que vemos en nosotros o en otro; no aceptamos las limitaciones o carencias que se nos traslucen, es que queremos taparlo, acallarlo y esconderlo.
 Por supuesto que no nos damos cuenta de estos vericuetos y procesos por los que andamos atravesando, simplemente sentimos eso que llamamos enojo o tal vez sea vergüenza.
 Sentir ambos enojo, vergüenza daña nuestra autoestima cada vez que la ejercemos, cada vez que nos pasa; por que es en ese momento que renegamos de quienes somos o estamos siendo.
Denota una falta de auto aceptación o de aceptación del otro ser humano cuyas actitudes nos avergüenzan o nos indignan. Simplemente somos humanos y sin querer, fallamos.
¿A que fallamos?
Fallamos a una ilusión; la ilusión de ser perfectos nosotros y los otros. Al mandato del “deber ser perfectos” en todo, con los que fuimos “educados” y educamos a nuestros hijos.
 La pretensión de la perfección es la matriz de la vergüenza que sentimos por el ser humano que somos o que otro está siendo.
 Por debajo de esta apariencia hay un deseo y una intención de perfección no compatible con la vida terrena y humana.
Si bien me atrevo a pensarnos como de origen divino, nuestra divinidad es justamente el proceso de alumbramiento del alma cuando despierta y se puede separar y liberar de la vergüenza y del enojo de no ser, del vacío que sentimos, de no poder, de no saber.
Sí, podemos hacer algo con eso.
Sólo cuando nos damos cuenta que nos pasa, es decir cuando despertamos a nuestra conciencia de ser y nos hacemos cargo  responsablemente como adultos, de nuestra dimensión humana y decidimos abrazar lo que no nos gusta de nosotros, es el momento de aprender a atravesar la incomodidad y adquirir resiliencia espiritual.
Ser responsable es querer y podernos responder, darnos respuesta: y de esta manera, nos la damos.
En ese momento es que comienza  el proceso de reparación, de sanación; la resiliencia espiritual, que nos calma y nos mejora.
Amarnos es purificarnos, comprendernos, liberarnos; porque en todo caso, eso que no nos gusta de nosotros, cuando lo abrazamos es cuando lo reparamos y transformamos en compasión, en poder personal, en sabiduría y… renacemos a una vida con dicha, en paz y prosperidad. 

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